the perfect X-MAS trip

Hay cosas que en navidad son un tanto más especiales. Yo las paso fuera y tengo algo así como un trayecto de navidades perfectas, con un poco de frío y algo de nieve, diversión y olor a clavo de vino caliente, mercadillos y abetos, comidas y cenas monumentales (en todos sus sentidos) y por supuesto con uno garnde y rojo....os cuento:

Para mí que todo empieza comprando un buen árbol, tupido y verdísimo, en el Boroguh Market de Londres, donde de paso se puede uno hinchar a castañas, panes tradicionales y quesos. No es que sea yo muy de decoración de navidad, pero si tengo que animar ese abeto, no dudaría en hacerlo en Salzburg, donde hay una tienda incríble llena hasta los topes de huevos decorados para tal ocasión. Hay que tener cuidado, que en algunos casos el nivel de cursilería es muy pero que muy exagerado. En cualquier caso, la verdad es que hay para todos los gustos....

Con todo a punto, lo mejor es salir ya a por los regalos: a pedirlos claro. Con su correspondiente carta, en Rovaniemi le esperan a uno con los brazos abiertos. No sé que harán el resto del año con todo ese despliegue pero puedo asegurar que a veinte grados bajo cero cruzado ya el círculo polar ártico (atención amantes de los pasaportes gastados: ¡pedid vuestro sello!) uno no sólo termina creyendo que ése es el auténtico Santa, sino creyendo también en sus duendes, en su entregada esposa y jurando no volver jamás a comer carne de reno por si acaso se ofende a la troupe...

Uno de los mejores mercados navideños, para mí, es el de Praga. A pesar de la languidez del ambiente de día en cualquier calle, es poner el pie en una plaza, bar o restaurante y recuperar el ánimo y las ganas. Su mercado es como otros, con sus casitas, dulces y artesanos, pero los puestos de cerdo asado y vino caliente son los que más animados y concurridos he visto. Además, hay una gran tradición de trabajo de la madera, ya sea para instrumentos musicales o jugetes y algunas jugeterías son realmente impresionantes. Id a ver y lo entenderéis.

Para pasar un día de navidad divertido yo apostaría por Skansen, en Estocolmo. No es sólo llegar rompiendo el hielo con un barco a la isla, ni caminar entre impresionantes abetos con 4 palmos de nieve, es ver los renos y ovejas lanudas pastando tranquilamente y tomar chocolate caliente,  es entrar en las antiguas tiendas y subir a sus lentas y herrumbrosas atracciones y volver cansado y tranquilo a la ciudad, feliz y contento e incluso agradecido por la temperatura.

Si algo queda siempre de la navidad es el recuerdo de una buena comida. Mi mejor experiencia ha sido hacerla en el 58 de la Torre Eiffel, en París. Algo entre pic-nic y comida tradicional francesa en la segunda planta del imponente momumento. Económico y espectacular, y aunque es cierto que requiere algo de previsión, vale mucho la pena.

Ya antes de acostarse, esperando que la seria conversación con Papá Nöel haya servido de algo, un paseo por Bruselas y toparse con un carrousel extrañísimo y sorprendente y, justo al lado, un puesto de patatas fritas, es algo así como un final perfecto...